
Aquí estás Señor,
“te he buscado...y ahora vienes a mí.” – JP II
Y miro tu Cuerpo Santo, en todo su humilde esplendor y veo tus llagas- tu cuerpo que sufrió. Pienso en la Iglesia, también tu Cuerpo, y en sus llagas...
¿Cuáles son sus llagas?
En tu Cuerpo, tus manos, pies y corazón atravezados y tu cabellera espinada fueron el medio para traernos la salvación en medio de la obediencia y el abandono total. Pues así mismo en tu Iglesia, las llagas son el medio de tu Gracia y Misericordia. Entonces aquellos que sufren son tus llagas; los pobres de espíritu, los bienaventurados y afligidos, perseguidos y aquellos que creen y confían ciegamente con la inocesncia y la fe de un niño.
Vi tus manos frente a mi rostro y, a través de la perforación que te dejó el clavo de mi pecado pude ver la Gracia y la Misericordia de tu Padre.
Llaga sangrienta y adolorida de mi Señor....ventana pura de la Gloria Divina...puerta de mi hogar celeste y eterno.
¿Será posible entonces ver tu amor omnipotente a través de aquellos que sufren y que tanto necesitan?
Señor, si esto es posible, entonces el sufrimiento se hace algo necesario y hace sentido que nos hayas dicho: “a los pobres siempre los tendreís entre vosotros.”
¡Qué fácil es ignorar o querer evitar las llagas del Cuerpo! Es más fácil lamer mis propias heridas y pintarlas superficialmente sin ayudar a aquellos con heridas más profundas.
¡Qué fácil es sentirse excluido de un Cuerpo imperfecto que necesita sufrir y aceptar tal martirio para alcanzar la libertad! Es más fácil el camino solitrario en el que suplimos nuestros deseos y nos deshacemos de la responsabilidad de cuidar a los que se arrastran en el suelo de dolor, caen desangrados por los flagelos en su espalda y aquellos que son aplastados bajo el peso de la cruz de la injusticia.
Pero Señor, tus manos taladradas necesitaron de tus fuertes brazos para poder levantar al cuerpo crucificado y colgante, y así poder dar paso al aire que respiraste...¡qué fácil es ser un brazo y olvidarse de las manos santas que lo crearon y que con sus llagas lo salvaron...qué fácil olvidarse del corazón dolido pero sagrado del cual fluye la vida misma. Señor...si soy capaz de olvidarme de mi prójimo doliente a quien veo a junto al cual camino...mucho más te olvidaré a ti. Misericordia Dios mío, Misericordia...
¡Qué fácil es olvidarse que soy tan frágil y que igual sufro y sufriré, y que en esos momentos de dolor me querré unir al cuerpo, que en momentos de salud negué y rechacé, incompletándolo y obstruyendo el gran proceso de muerte y resurrección que estás realizando en él, con él y por él!
Tus llagas son mis hermanos que más sufren; permíteme ver tu Gracia y misericordia a través de ellos, para saber aceptarlos y aceptarme a mi mismo cuando yo también sea una llaga.
AMEN
LAS HERIDAS DEL SALVADOR – VENTANAS A LA GLORIA Y CENTINELAS DEL SUFRIMIENTO APASIONADO.

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